Vista de la ciudad de Santiago de Chile, una de las ciudades
con más alta cotaminación atmosférica del mundo.


El aire de los grandes centros urbanos soporta la descarga continua de sustancias contaminantes, que provocan diversos efectos nocivos, como la aparición de enfermedades respiratorias, la corrosión de metales, la destrucción o degradación de ecosistemas, la reducción de la visibilidad y de la iluminación, entre otros. Sin embargo, cada ciudad presenta distinto grado de contaminación. Las ciudades muy industrializadas, cuyas fabricas emiten a la atmósfera fuertes concentraciónes de dióxido de azúfre y monóxido de nitrógeno, o aquellas en las que hay una gran cantidad de vehículos, son las que se ven más afectadas por la contaminación del aire.
Otro factor para tener en cuenta es la cantidad de tiempo que los contaminantes perduran en el lugar. De acuerdo con la situación atmosférica, principalmente la presencia, la intensidad y la constancia de los vientos, la contaminación aérea urbana se clasifican en cúpula y estela de contaminación.


La cúpula de contaminación se produce cuando los contaminantes arrojados a la atmósfera no son dispersados porque no hay vientos, o éstos son demasiado leves. Éste fenómeno se verifica, generalmente, en ciudades asentadas en valles, rodeadas de montañas, como Santiago de Chile o Ciudad de México.
En cambio, en las ciudades situadas en áreas llanas, con presencia de suficientes vientos, las sustancias contaminantes son trasladadas por los vientos hacia otros lugares, limpiando el aire de esa ciudad. Este fenómeno se denomina estela de contaminación. Pero el problema subsiste, porque la estela de contaminación no desaparece, se traslada y puede contaminar otros centros urbanos, además de los campos y espacios naturales.
Otro efecto importante producido por la contaminación aérea es el aumento de la temperatura de las áreas urbanas respecto de las zonas circundantes. Este efecto se agrava por la denominada isla de calor, que se origina por la escasez o ausencia de vegetación, y el exceso de pavimento, que absorve calor e impide la evaporación de la humedad del suelo y la transpiración de las plantas, y, por lo tanto, la disminución de la temperatura.